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lunes, 9 de mayo de 2011

¿De verdad ella cree que me voy a comer esto?

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“He apartado mis ojos de los cristales opacos, yergo mi espalda y las lágrimas vuelven a asomarse a mi rostro. La llave gira en la cerradura… La puerta amarillenta se abre para dar paso a esa silueta blanca, ¡cuánto me gustaría que no fuera más que una silueta, un fantasma que pasara sin detenerse…! Abrazada a la almohada, aferrada a la barra de la cama, atrapada entre la mesilla de hierro y mi desdicha, la observo tras la bruma de mis lágrimas. Fijo mi mirada en la desafiante bandeja. Enérgica, ella la deposita sobre la mesa y me mira mostrándome la silla; después me invita, hecho trivial que en este caso resulta cruel en grado sumo. Lentamente, para rechazar la amenaza, me levanto y cruzo el irrisorio metro del sucio embaldosado que me separa del extremo opuesto de mi prisión. Pongo cara de no haber visto nada en aquella bandeja y contemplo mis flacos muslos, aunque en realidad ya he reparado en todo: los compartimentos desiguales con los trozos de carne renegrida, las judías verdes brillantes y enormes, el plato de arroz, el huevo duro cubierto de lo que ellos llaman “mayonesa”, el pan duro y el insípido postre.
¿De verdad ella cree que me voy a comer eso? Me limpio la uña de mi dedo índice derecho y espero, llorosa y terca. ¡No, no me cogerán! Quiero que me olviden, que me dejen morir, que me ignoren y que no me torturen más con esas bandejas. No conseguirá nada de mí, ya puede hablar, empelar el estúpido truco que desee: tratar de conmoverme por mi terrible suerte, adoptar un aire compasivo, colérico, indiferente o dominador. “¿No preferirías estar en tu casa? Podría suceder en cualquier momento, ¿no crees?” Ya que es usted quien me lo dice, ¿por qué no me ayuda a escapar? Desde luego, ¡qué descansada se quedó soltando sus frases!” (pág. 9-10).

VALÈRE, Valérie (1996): Diario de una anoréxica, Barcelona, Plaza y Janés, Los JET de Plaza y Janés.


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Les trae sin cuidado mi estado de ánimo

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“-Me han dicho que no quieres comer. Deberías estar encerrada en tu habitación sin salir para nada. Son demasiado amables contigo, podrías hacer un esfuerzo antes de que tomen medidas drásticas; pero ya verás, yo te haré comer.
Ya puedes esperar sentada. Si te crees que porque has llegado las cosas van a cambiar estás muy equivocada.
Regresa al cabo de un momento y me sorprende enfrascada en uno de mis interminables libros; mi corazón está lleno de ira y mi espíritu prisionero. Esta mujer es más irascible que todas juntas. “Un bocado más, vamos, espabila. Así no engordarás nunca”; me coge la mano y me aparta los dientes con el tenedor hasta que se abre mi boca. Muevo la cabeza con rabia y el contenido de la bandeja se reparte entre el suelo y su bata. Cuando le toca el turno a la carne, ya se ha rendido y sólo trata de que coma unas asquerosas vainillas. Pero la cosa no funciona.
-Ya ves que no puedes seguir así. Acabarán por meterte una sonda en la nariz. Créeme, no ganas nada haciendo todo esto.” (p. 87).

Valérie Valére

“Tenía la impresión de que nunca había comido tanto en toda mi vida y sospeché que había conseguido pasar de los famosos treinta y cinco kilos. Pero no, ¡había vuelto a descender a treinta y cuatro y medio! Me dejaron los libros y el papel, pero me quitaron la ropa y no me permitieron salir al pasillo. ¿Cómo podían hacer semejante cosa? Ellos sabían que yo no era culpable, que había comido; nadie podía negarlo. No dejaba de tragar sus sucios comistrajos de hospital y todas sus propuestas. “¡Habrá que aumentar la dosis!” Estoy harta, no quiero más, lo voy a dejar correr todo, ¿me entienden? Que me atiborre, me ahogue o no, es lo único que les importa. Les trae sin cuidado mi estado de ánimo. ¡Sólo exigen kilos! La desmoralización, mierda, mierda…MIERDA, mierda, mierda.” (p. 109-110)



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VALÈRE, Valérie (1996): Diario de una anoréxica, Barcelona, Plaza y Janés, Los JET de Plaza y Janés.

El único regalo que yo quería...

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“Cierra el pico y vete a ver a tu hija. Que se trague ella las espinacas. No te necesito para comer. Todavía querrás que te agradezca la enorme ayuda prestada. Estoy harta del arroz, las nueces y las judías verdes, la carne a la plancha y la grasa, el pescado de los viernes, de todo. He llegado a tragar toneladas. Tengo que comer el doble que las otras y los kilos no aumentan.
Después de la naranja y el suplemento de chocolate, entra ella con su regalito y su sonrisa. El único regalo que yo quería era que no me hubieras encerrado en este asilo”. (p. 128).



VALÈRE, Valérie (1996): Diario de una anoréxica, Barcelona, Plaza y Janés, Los JET de Plaza y Janés.


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