domingo, 21 de agosto de 2011

Pasión por la gelatina

Aimee mira más allá de su madre, a través de la ventaba de la mesa de desayunar, por encima del jardín en cuesta, hacia el final de la calle y las cuatro casitas exactamente iguales que se miran entre sí alrededor de la calle cerrada. En el césped, el aspersor saca su pequeña cabeza de reptil, levantándola desde algún lugar oculto y empieza a lanzar latigazos de agua al aire. Magia de barrio residencial.
-Quedan los palitos de queso. Y las zanahorias, y el yogur. Y también los pimientos, el brécol y la berza. Y la gelatina. ¿Queda gelatina, por cierto?
-¿Gelatina? –Aimee asiente-. Quedan tres en el Frigo –concluye su madre.
-¿Sin azúcar?
-Sí, pero cariño…
Aimee salta de la silla, cruza a zancadas la habitación y tironea de la puerta del Frigo, cerrada casi al vacío, hasta abrirla. Ahí están: lima, limón y cereza, brillando como semáforos en el estante del medio. Sus superficies resplandecientes se mecen, ácidas.
-Las acabo de hacer –explica su madre-. Hay que dejarlas unas horas. (pág. 28).


Meghan no deja de observar cómo Aimee Zorn retira la tapa de papel de aluminio del tarrito de gelatina y la coloca boca arriba en el suelo, junto a ella. Aimee contempla el tarrito, alza la diminuta cucharilla y, con precisión de cirujano, la introduce en la sustancia verdosa. Cuando el extremo de la cucharilla atraviesa la tensa superficie de la gelatina, el cuerpo de Aimee Zorn parece atravesado por un leve aguijonazo. Ahora, hace girar la cuchara una vez en el mismo centro de tarro y extrae una perfecta cucharadita de lima, cuyo contenido, diminuto y perfectamente tallado, ni siquiera tiembla cuando se lo acerca con todo cuidado a la boca. Aimee Zorn separa sus labios oscuros y estrechos e introduce la cuchara plateada para después sacarla lentamente. Los labios no tocan en ningún momento el metal, con los dientes arrastra el pedacito de gelatina verde. (p. 48).


GEORGE, Madeleine (2011): Apariencias, Madrid, Editex, Libros de Mochila.

jueves, 18 de agosto de 2011

Bocadillos de tortilla con Camembert

El viernes era festivo en Bellemer. Amaneció soleado y decidimos acercarnos a la playa. Buscamos una calita escondida en los acantilados para no encontrarnos con nadie. Llevábamos bocadillos de tortilla con unas láminas de queso Camembert que se habían derretido nada más entrar en contacto con el huevo caliente y que daban al resultado una textura cremosa difícil de igualar.

FERNÁNDEZ SIFRES, David (2011): El faro de la mujer ausente, Zaragoza, Edelvives, Alandar, 127, pág. 125.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Un te com cal

                                                                       Te verd
                                                     
L`aigua ja bullia. Les fulles de te esperaven al fons de la tetera. Va abocar-hi el líquid calent. Va preparar la tassa amb el plat i la cullereta. Hi va tirar un raget de llet. A la nit era millor. Va destapar la sucrera, amb la cullera petita va remenar el sucre; després la va treure plena i va barrejar els petits cristalls amb la llet. Va agafar la tetera i lentament, cerimoniosament, es va omplir la tassa amb la infusió fumejant. (pàg. 178).

AMORÓS, M. Lluïsa (2008): Me`n torno al carrer Kieran, Barcelona, Barcanova. Nova narrativa, 124, p. 178..
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