miércoles, 10 de abril de 2013

Una nuez decisiva

“Cuando ya empezaba a desesperar, su constancia fue finalmente premiada. Conoció a una ardillita joven con una gran cola que tenía unas tonalidades cobrizas. Al atardecer, cuando llegaron a la rama más alta le hizo la pregunta de rigor. Ella permaneció en silencio un momento, después lo miró con ojos luminosos.
-¿Lo dices en serio?
-No me permitiría jamás tomarte el pelo.
-Nunca hubiera podido imaginar un lugar más bonito donde criar a mis hijos.
Entonces él corrió a coger la nuez de compromiso y la comieron juntos, mejilla contra mejilla, mientras las sombras se alargaban en el claro y el sol desaparecía detrás de las cimas nevadas.
TAMARO, Susanna (2010): El gran árbol, Barcelona: Urano, p. 26.

Panem et cinrcenses

-Bueno, puede que la ciudad consiga sobrevivir un tiempo -dice Plutarch-. Seguro que hay reservas de emergencia. Pero la principal diferencia entre el 13 y el Capitolio son las expectativas de la población. El 13 estaba acostumbrado a las privaciones, mientras que en el Capitolio solo conocen el panem et circenses.
-¿Qué es eso? -pregunto; obviamente reconozco el panem, pero el resto no lo entiendo.
-Es un dicho de hace miles de años, escrito en un idioma llamado latín sobre un lugar llamado Roma -me explica-. Panem et circenses quiere decir "pan y circo". El que lo escribió se refería a que, a cambio de tener la barriga llena y entretenimiento, su gente renunciaba a sus responsibilidades políticas y, por tanto, a su poder.
Pienso en el Capitolio, en el exceso de comida y en el entretenimiento definitivo: los Juegos del Hambre.
-Entonces, para eso sirven los distritos, para proporcionar el pan y el circo.
-Sí, mientras así era, el Capitolio controlaba su pequeño imperio. Ahora mismo no puede ofrecer ninguna de las dos cosas, al menos en las cantidades a las que acostumbraba su gente -dice Pitarch-. Nosotros tenemos la comida y yo estoy a punto de orquestar una propo de entretenimiento que va a ser muy popular. Al fin y al cabo, a todo el mundo le gustan las bodas.

Suzanne Collins (2010): Los Juegos del hambre III. Sinsajo. Editorial Estrella Polar, L'Illa del Temps, 17: Barcelona. Pag. 243.

lunes, 8 de abril de 2013

Un goloso muy goloso


-Póngame media docena de pasteles de calabaza –la interrumpí.
De todas formas, tenía que comprar unos dulces para la merienda de mañana. La madre de Amado se puso a despacharme y se olvidó de regañar a su hijo. Amado me sonrió. me guiñó un ojo y entró en la trastienda, para hacer los deberes. Aún compré un paquete de rollitos de aguardiente y una doce a de mantecados de almendra. La madre de Amado estaba muy contenta con un cliente tan goloso como yo, de manera que no me costó nada convencerla para que dejara venir a su hijo al día siguiente, a estudiar matemáticas a la alquería.

CASTELLANO, Pep (2013): Conrado,  un científico enamorado. Alzira: Algar, Calcetín, 82, p. 100-101.
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