martes, 25 de septiembre de 2012

Un àpat singular


Un camarero con turbante se acercó a la mesa empujando un carrito con los platos que la tía Ágata había pedido: pollo adobado en yogur, cordero picado con garam masala, surtido de verduras en harina de coco, pescado frito crujiente con salsa de soja y jengibre, arroz en tres estilos diferentes, patatas fritas, leche, queso, galletas saladas, rodajas de tomate, pepino, kiwi y zumo de mandarina recién exprimido. Ágata dijo al camarero que también necesitaba café bien fuerte.
Mina echó una ojeada al restaurante. La decoración estaba cuidada hasta el más mínimo detalle. La comida era abundante y estaba exquisita.

MARTÍNEZ, Javier (2012): Mina San Telmo y el museo maldito, Barcelona: Edebé, pág. 183.

viernes, 25 de mayo de 2012

Jamás había probado un desayuno tan bueno


El olor a chocolate y a pan tostado lo llevó directamente al comedor. Sus padres, sus nuevos amigos y otras personas estaban sentados alrededor de una mesa larga, cubierta con un mantel de cuadros rojos y blancos, mientras Maika y otra mujer se encargaban de servirles. Ocupó una silla vacía en una esquina de la mesa, respondió afirmativamente a la pregunta de si había dormido bien y untó con mantequilla una rebanada de pan tostado antes de introducirla en un tazón de líquido humeante. En casa casi nunca desayunaba, a pesar de que había oído decir cientos de veces a su padre que el desayuno era la comida más importante del día y que era preciso desayunar bien para enfrentarse con ánimo a la jornada laboral. Un vaso de cacao frío y, a veces, un par de galletas o una magdalena de bolsa era lo máximo que tomaba. No tenía tiempo que perder, pero en aquella casona las cosas eran distintas, y jamás había probado un desayuno tan bueno.

MARTÍNEZ DE LEZEA, Toti (2011): Muerte en El Priorato, Madrid: Alfaguara, pp. 38-39

domingo, 20 de mayo de 2012

El ocupante

Cuando regresó a casa, tras visitar a Nuria, los padres no habían llegado, ni tampoco su hermano pequeño. Se sentó en el sofá del comedor pensando qué hacer. Se le ocurrió preparar la cena, alguna cosa sencilla, pan con  tomate y tortilla francesa, por ejemplo, y un poco de ensalada para acompañar. Aquel gesto servicial haría feliz a su madre. Pondría la mesa. Cenaría con ellos y, entre plato y plato, les recordaría la promesa de una semana atrás: que esta noche le iban a dejar salir con los amigos del insti. Eso era un buen plan. Miró la hora en el reloj. Los padres debían de haber ido de tiendas, o a visitar a Pablo. Todavía tardarían un rato. Tenía tiempo de preparar la ensalada y el pan con tomate y dejar batidos los huevos de la primera tortilla para echarlos al fuego justo cuando oyera la llave en la cerradura. Sí, era un buen plan.
Cuando ya estaba en la cocina y buscaba los ingredientes en la nevera para preparar la ensalada, sonó el timbre de la puerta. Alberto fue a abrir con un par de tomates verdes en la mano.
- Nos volvemos a ver, chaval -saludó el policía.
Alberto sintió que desfallecía. Otra vez aquel hombre... y en su casa.

ÀNGEL BURGAS (2010): El ocupante. Editorial Oxford, El árbol de la lectura: Madrid. Páginas 204-205.
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Ficha S.O.L.
Página personal del autor: ÀNGEL BURGAS.
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