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viernes, 26 de octubre de 2012


Era la hora del último refresco antes del anochecer, así que la terraza del viejo y centenario casino del pueblo estaba llena, no quedaba ni una mesa libre, ni una silla, ni un hueco. Los dos camareros resultaban insuficientes para cubrir la demanda y, además, uno de ellos era inexperto, eventual, contratado para el verano y la masiva asistencia de foráneos. Al pobre se le notaba mucho. Sudaba, tropezaba, rompía algún vaso de vez en cuando, se equivocaba en los pedidos, llevaba las cosas de una mesa a otra. Y la gente, en su mayoría jóvenes ociosos, no le facilitaban la vida. Más que ayudarlo, le complicaban lo que podían, lo confundían, haciéndole dudar.
[…]
Durante unos segundos no hablaron. Vanesa centró la atención en su vaso, al que solo le quedaba un sorbo de limonada. Lidia ya había apurado el suyo. Aurelia volvió a mirarlo a él.

SIERRA I FABRA, Jordi (2012): T/.Error, Madrid. Oxford, p. 1-2. (El árbol de la lectura, 46)

viernes, 11 de mayo de 2012

El día que nació el trigo

Laimonas Šmergelis
El sol posa sus rayos
en los campos de trigo.
La niña cubre de oro
los pliegues del vestido.
¡Qué hermosa está la niña
con sus rayos dormidos!
¡Que nadie los despierte!
Algunos se han movido.
¡Qué hermosa está la niña
con el rostro tranquilo!
¡Qué bien le sienta el oro!
¡Y qué precioso el trigo!
ANTONIO GARCÍA TEIJEIRO (2011): Cuentos y poemas para un mes cualquiera. Editorial Oxford, Col. El árbol de la lectura: Barcelona. Página 65.

El día que nació el trigo

Trigridia era una niña muy hermosa, una niña tan y tan hermosa, que cuando ella salía de casa el mismo sol se ocultaba detrás de las nubes para no tener que competir con sus dorados cabellos.
Una mañana se alejó del pueblo para dar un paseo, y se apartó tanto que llegó a un enorme campo de tierra yerma lleno de plantas salvajes, situado en un altiplano entre las montañas. Debido al esfuerzo, se sentó allí a descansar. Reclinó la cabeza junto a unas matas y, tras cerrar los ojos, se quedó dormida. Profundamente dormida.
Pues aquella planta era una adormidera.
La tierra, enamorada, al darse cuenta de la circunstancia, se apoderó de Trigridia. Primero la cubrió con briznas y hojas, después hizo que el viento arremolinara la maleza para ocultarla, finalmente se la tragó enterrándola bajo una fina capa de piedras y polvo.
Durante días, los padres de Trigridia y todo el pueblo la buscaron sin éxito. Durante noches, la tierra envolvió más y más el cuerpo de la niña. Así pasó el tiempo, llegaron las lluvias, y con ellas la primavera.
La tierra, enamorada, feliz, quiso que todos supieran lo dichosa que se sentía.
Entonces floreció en el campo la primera espiga dorada.
Una espiga con el color del cabello de Trigridia, su esbeltez, su hermosura, el brillo de sus ojos, la magia de su forma apuntando al cielo y la fuerza de su sonrisa, pues las espigas formaban medias lunas con los lados disparados hacia lo alto.
No fue la única espiga. En los días siguientes nacieron más y más, cientos, miles, como un canto de la tierra por el amor que sentía, hasta que todo el campo fue como un océano dorado que se movía al compás del viento formando olas armónicas.
Una mañana, una oruga se paseó por el rostro de Trigridia y ella, debido al cosquilleo, estornudó y abrió los ojos. Fue su despertar. Apartó la tierra que la cubría y se levantó sin apenas recordar nada. Después echó a correr y regresó al pueblo, donde ya todos la daban por desaparecida. Cuando contó lo sucedido, todos fueron al campo muy enfadados, pero allí se encontraron con aquel océano de oro.
Ni siquiera sabían qué era.
- Perdón -les dijo entonces la tierra-. Solo quería tener un poco de sol en mi interior.
Trigridia la acarició. Se cortó un mechón de cabello y lo enterró allí mismo, donde había estado dormida. Le prometió regresar al comienzo de cada estación, para hablarle y jugar con ella.
Los hombres llamaron trigridias a aquellas espigas, más tarde trigrias, y finalmente trigo.
Aunque eso sucedió hace cientos de años.

JORDI SIERRA I FABRA (2011): Cuentos y poemas para un mes cualquiera. Editorial Oxford, Col. El árbol de la lectura: Barcelona. Páginas 66-68.

lunes, 12 de marzo de 2012

El lloro que parlava massa

El sopar ja estava gairebé a punt. Una amanida i una truita. De dos ous. Amb una mica de farina per espessir, que m'agraden seques. Em vaig aixecar per agafar un got i els coberts. L'aigua i el tovalló ja eren a la taula. El plat el tenia ella.
Va ser llavors quan l'hi vaig dir.
No sé ben bé per què, però ho vaig fer.
Potser per... Bé, és igual.
- M'ha trucat aquell home.
- Quin home?
Em costava dir el nom.
- En Ramir.
- T'ha trucat ell?
- Sí.
L'àvia va deixar de fer el que estava fent. La gravetat li va tornar al rostre. No va haver de tornar a preguntar.
- La mama té un tumor al pit.
No va moure ni un múscul. Al cap i a la fi, tenia el seu únic fill prostrat en un llit per a tota la vida. Res no podia ser pitjor que això. Res excepte que em passés alguna cosa a m í.
- Li han fet proves i aquestes coses. Encara no saben si n'hi haurà prou amb la químio o si l'hi hauran de treure, tot i que això avui dia es considera cirurgia radical i només es fa en determinats casos.
- Si a la teva mare li treuen el pit, la maten.
- I si es queda calba, també. La químio sembla inevitable.
- Hi ha perruques.
- I pròtesis, i cirurgia, però...
Ens vam mirar un parell de segons.
- Què faràs? -em va preguntar.
- Res. Què vols que faci?
- Vés-la a veure.
- Una altra vegada amb això?
- T'ho vaig dir quan va marxar, tot i el mal que ens va fer. I t'ho vaig dir quan va passar això del teu pare. És la teva mare, i sempre ho serà, faci el que faci, bé o malament. T'agradi o no, va triar un camí.
- Sembla mentida que el papa sigui el teu fill.
- Jo l'hauria d'odiar. Tu no.
- L'odies?
- Això és csa meva.
- No, digue-m'ho. L'odies?
- Sí.
- Llavors...
- Jo puc viure amb odi. Sóc gran. Tu, no. L'odi mata, destrueix, és pitjor que un càncer. Ho devora tot. No pots deixar que et marqui i t'emmetzini. Ho devora tot. No pots deixar que et marqui i t'emmetzini per sempre. L'has d'anar a vure, parlar amb ella. És la teva única teràpia.
- Destrosa la vida al papa, se'n va amb un altre, més ric, un mafiós, i a sobre ara és la mare d'aquelles dues bessonetes monstruoses, i tu...
- Jo res, Berta -va reaccionar i em va posar els dos plats a la taula, el de l'amanida i el de la truita-. Jo res. Només et dic el que et dic. La resta és cosa teva.

SIERRA I FABRA, Jordi (2011): Berta Mir detectiu. El lloro que parlava massa. Grup Editorial 62, Estrella Polar, Col·lecció Vostok. Pàgines 52-53.

domingo, 11 de marzo de 2012

Un asco de bocadillo

El bocadillo no era como el del anuncio. En él se veía un pan enorme, crujiente, lleno a rebosar de queso que se fundía sobre el lomo y el beicon. Todo muy apetitoso. En cambio, el que se estaba comiendo era esquelético, el pan del día anterior, el queso no se fundía, el beicon escaso, y el lomo, dos papeles de fumar tan delgados que transparentaban. Un asco.

SIERRA I FABRA, Jordi (2010): Tester (Probador), Barcelona, Edebé, pàg. 72.
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