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jueves, 16 de mayo de 2013

Les llesques de pa presumeixen

-A mi m'han sucat amb oli
i un bon pessiguet de sal.
-A mi, també; però amb sucre.
-a mi,m'unten de mantega;
sal i sucre, tan se val!
-Al meu damunt, un tomàquet
ben madur m'han refregat
i, ben amanida sóc
la reina del pa sucat!
-Ep!, i jo? Puc fer de postres,
xopa de mistela o vi,
que, si no és dolç, afegeixen
un bon tou de sucre fi.
-Per menjar la melmelada,
jo mateixa faig de plat!
-doncs jo puc fer d'entremesos
si amb ou m'han arrebossat.
-A moltes ens han cobert
d'unes pastes enganxoses
que tenen uns noms estranys
i són força saboroses.
-Amb ou i llet ensucrada
en oli fi m'han fregit
i sóc, amb un nom de santa,
el llamimés exquisit.
-I tu, què fas tan eixuta
que ni amanida ni untada
no et poden clavar les dents?
-Faig sopes de farigola
ben fines i perfumades,
i els avis estan contents.

JOANA RASPALL (2002): Escaleta de vent. La Galera, Grumets: Barcelona. Pàgines48-49.

martes, 14 de mayo de 2013

Pan y pastelitos


“La señorita Collignon decidió que esa misma tarde iría a la panadería de su padre. Así, al salir de la escuela, torció por la calle de Xuclá y entró en el horno Guinjoan. Aprovechó para comprar una barra de pan y unos pastelitos, y solicitó ver al dueño. Pocos minutos después, mientras ella comía más por capricho que por hambre un pastelito, un hombre salpicado de harina salió del obrador y la señorita Collignton le explicó de qué se trataba”.

PRATS, Lluís (2012): La pequeña coral de la señorita Collignton, Barcelona: Casals-Bambú, p. 57

martes, 7 de mayo de 2013

"El valor de un mendrugo de pan"

"Escondidos entre la vegetación cercana a la playa, los cuatro fugitivos probaron el primer bocado caliente desde que escaparan de Arse. La dura carne del conejo capturado por Dibus, asada con premura, no era el plato más exquisito para dos paladares del siglo XXI, pero calmó un hambre que los torturaba desde hacía bastantes horas. En cambio, Dibus y Lida recibieron aquellas tajadas mal cocinadas como un suculento manjar, pues los meses de asedio les habían enseñado a apreciar como un regalo inmerecido hasta el más pequeño mendrugo de pan."

SÁNCHEZ-ESCALONILLA, Antonio (2012): Ana y la Sibila, Madrid: Bambú, pág. 97.

sábado, 27 de abril de 2013

"En ocasiones paso hambre"

-¿Sabes, Frits? A veces preferiría ser un pato. O una cigüeña. O un pájaron cualquiera.
El niño frunció el ceño, sin entender. El señor Dussel continuó hablando.
-Cada día que amanece salen a buscar comida. Y la encuentran. Así, día a día. O aparece un trozo de pan duro en algún rincón, o algún gusano, o alguien les tira unas migajas, como nosotros. Aunque no sepamos si tienen hambre.
Les lanzó más comida, para acompañar sus palabras, y los patos dieron buena cuenta de ella rápidamente:
-Estoy contento con mi vida, Frits, pero no te voy a engañar: es cierto que en ocasiones paso hambre. Paso más hambre que cualquiera de esos patos –alzó a vista-. Más que aquellas cigüeñas. Más que cualquiera de esos gorriones. ¿Puedes entenderlo? Tengo hambre, pero también tengo rabia.

FERNÁNDEZ SIFRES, David (2013): Luces en el canal, Madrid: SM, p. 36-37. Premio Barco de Vapor.

miércoles, 6 de febrero de 2013

Almogávar sin querer

Iban a ser tres jornadas de camino. Cuatro, quizá. Y en la alforja que me envió el abuelo solo encontré media hogaza de pan, media vuelta de chorizo y dos manzanas. Suficiente para llegar hasta Agüero pero no para bajar hasta la ribera. Ni, mucho menos, para volver.
Pero, ¿quién podía pensar en volver?
Aunque jamás había visto el castillo del barón, sabía que bastaba con seguir el curso del río Gállego para dar con él. Sin embargo, no era ese el mejor camino, por ser el más expuesto. Así que, prudentemente, fui dando largos rodeos, que se me hacían interminables. Aquel primer día solo me introduje en el cauce en un par de ocasiones y, aun eso, por no ver otra posibilidad de avanzar.
Al caer la noche, seguí caminando, a la luz de la luna creciente.
Tras dormir las últimas horas de la madrugada y las primeras del día, proseguí camino. Esa segunda jornada, llegado el momento del almuerzo, ya había ocnsumido todas las provisiones.

Fernando Lalana y Luis A. Puente (2010): Almogávar sin querer. Editorial Bambú: Madrid. Páginas49-50.

sábado, 12 de enero de 2013

La caligrafía secreta


Grimal dejó escapar un largo suspiro.
-Últimamente, mucha gente tiene problemas en Francia-musitó.
-Cuando veníamos hacia París vimos cómo el ejército aplastaba una revuelta campesina –dijo Mariana-. Y esta mañana hemos estado en el barrio antiguo y le juro, padre, que nunca antes había contemplado tanta miseria.
El sacerdote cogió un trozo de pan y lo sostuvo entre los dedos.
-¿Sabes cuánto vale una libra de pan? –preguntó-: quince  sueldos. Un obrero gana treinta sueldos diarios, de modo que no puedo comprar pan, al menos todos los días. Y eso en cuanto a los que tienen trabajo, porque la mayor parte de la gente está desempleada. El pueblo pasa hambre, Mariana; los campesinos abandonan sus pueblos y llegan en riadas a París en busca de sustento, pero todo lo que encuentran es miseria y enfermedad. En el barrio de Saint-Antoine, sin ir más lejos, hay decenas de miles de menesterosos, y créeme, hija, por desgracia no exagero.
-¿Pero los Estados Generales no se habían convocado para solucionar eso? –preguntó Mariana.
El sacerdote sonrió con amargura.
-Los Estados se clausuraron hace casi una semana y nada se ha solucionado.

César Mallorquí (2007): La caligrafía secreta. Editorial SM: Madrid. Páginas 106-107.
SINOPSIS: CLICA AQUÍ.

martes, 8 de enero de 2013

Unas lentejas con mimo


 
Es martes, así que hoy preparará unas lentejas. Mejor dicho: las lentejas que dejó en remojo la víspera. Se coloca un mandil. Durante la próxima media hora, con gestos que tienen algo de mecánico pero también de dulce disfrute, pelará dos ajos, cortará una cebollita en delicadas medialunas, hará rodajas una punta de chorizo, pondrá una cazuela al fuego, verterá unas gotas de aceite, sofreirá la cebolla y dorará el ajo, añadirá la carne y echará las lentejas después de haberlas escurrido en un colador. Perfecto. Completará con agua y las dejará a fuego lento. Mientras cuecen,  busca en la nevera una pechuga de pollo y la filetea para que tome bien el pan rallado y el huevo. Nunca ha tenido claro qué iba antes: si el pan o el huevo. Sospecha que el pan, por lógica. Sabe que podría resolver la duda con el libro de recetas, que tiene un índice alfabético fácil de manejar. El caso es saber dónde buscarlo. Está en la cocina, seguro, pero en cualquiera de los armarios. Desecha la consulta, confiando en que lo primero debe ser el pan.

GÓMEZ, Ricardo (2012): Tras el cristal, Madrid, SM, pág. 89. (Gran Angular, 298)

miércoles, 17 de octubre de 2012

La habitación del pan

Esa tarde olía a pan: pan dorado, de miga esponjosa y corteza crujiente; pan tan tierno que se deshacía en la boca dispuesto a saciar el hambre. El pan arenoso y negro, el pan de pobres, desapareció del obrador llevándose la angustia y dureza de los tiempos que corrían. Cuando, más adelante, Josep le explicó el significado de la expresión “pan de ansias”, la memoria de Ramón viajaría de golpe a esa tarde julo. El “pan de ansias” era un pan pequeño que ofrecían los novios en la ceremonia de la iglesia como símbolo de un momento irrepetible.
[…]
Dibujó la artesa, la mesa donde se amasaba, el horno, los sacos de harina, las palas de meter y sacar el pan del horno, el tirabrasas, la espátula, el recipiente de la levadura y el cepillo de barrer la harina; también los panes, colocados en las paneras, las tortas de encima del mostrador, el saco de los mendrugos, los moldes de papel de las magdalenas, los cuencos del azúcar y la sal, los saquitos de almendras y piñones, las hueveras…
[…]
Reanudaron la conversación interrumpida por la visita de la muchacha, pero esta vez el pan (el pan, ¡cómo no!) también tuvo algo que ver: Roser cortó unas rebanadas, las regó con vino y las espolvoreó con azúcar moreno; entonces, Josep (un poco suelto por el vino y el calor) les contó más cosas de la muerte.
-Una vez estuve en un funeral en Banyoles. La familia, bastante acomodada, por cierto, vivía en una masía del S. XVI; me enseñaron una estancia a la que denominaban “la habitación del pan”. Al abrir la puerta me envolvió un olor impresionante: había allí más de un centenar de hogazas de kilo, colocadas en anaqueles de mimbre; eran para repartirlas entre los asistentes al duelo, una para cada uno. “¡Hay que cumplir las tradiciones hasta en los malos tiempos!”, me dijeron.
Ramón se imaginó la habitación llena de pan y pensó que más de uno iría al entierro por la hogaza, no por decir el último adiós al difunto. Y dejó vagar la imaginación en tanto Josep, achispado por el vino y el azúcar, proseguía con su relato sobre el pan de ánimas, el pan de ángel, el pan de munición y otras muchas curiosidades que el dibujante no se molestó en memorizar.

CABEZA, Anna (2010): Un día de trigo, Madrid, Bambú, pp. 69-75.

viernes, 25 de mayo de 2012

Jamás había probado un desayuno tan bueno


El olor a chocolate y a pan tostado lo llevó directamente al comedor. Sus padres, sus nuevos amigos y otras personas estaban sentados alrededor de una mesa larga, cubierta con un mantel de cuadros rojos y blancos, mientras Maika y otra mujer se encargaban de servirles. Ocupó una silla vacía en una esquina de la mesa, respondió afirmativamente a la pregunta de si había dormido bien y untó con mantequilla una rebanada de pan tostado antes de introducirla en un tazón de líquido humeante. En casa casi nunca desayunaba, a pesar de que había oído decir cientos de veces a su padre que el desayuno era la comida más importante del día y que era preciso desayunar bien para enfrentarse con ánimo a la jornada laboral. Un vaso de cacao frío y, a veces, un par de galletas o una magdalena de bolsa era lo máximo que tomaba. No tenía tiempo que perder, pero en aquella casona las cosas eran distintas, y jamás había probado un desayuno tan bueno.

MARTÍNEZ DE LEZEA, Toti (2011): Muerte en El Priorato, Madrid: Alfaguara, pp. 38-39

jueves, 3 de mayo de 2012

Explosión de vida

"Las pintorescas tiendas de flores exhibían apretados ramos silvestres, rosas de todos los colores y unas calas de un exótico tono azul que no había visto nunca; el escaparate de una pastelería mostraba montones de dulces de hojaldre y unos panes grandes y redondos de aspecto crujiente; los puestos de fruta de la calle vendían manzanas, plátanos y peras de todas clases por piezas.
Irene pidió una pera japonesa, que le envolvieron en papel marrón. Le fue dando bocados mientras se maravillaba ante la cantidad de gente con la que se iban cruzando aquella mañana”.


CARMONA, Rocío (2011): La gramática del amor. Barcelona, La Galera, pp. 119-120.

martes, 20 de marzo de 2012

Pizza andaluza

“Ahora, todo el protagonismo es de las niñas. Bajo la supervisión de su abuela, sacan del horno –apagado hace una hora- una gran bandeja plateada. Contiene una masa plana y tostada, difícil de identificar. Tal vez pizza, quizá empanada, o pan dulce para tomar con aceite y tacos de queso… Las gemelas dejan la bandeja sobre la mesa, observan con expresión triunfal a su sorprendido padre, trocean la torta y la sirven en porciones desiguales, como hacía su madre. El muchacho y su padre son los primeros en probar la novedad.
-¡Está buenísimo! –reconoce Nacho.
-¿Dónde habéis comprado esto? –pregunta el padre.
Las gemelas se ríen, miran a su abuela y explican que ella les ha enseñado, esta tarde, una antigua receta andaluza. Primero han hervido agua en una cazuela Después la han llenado con los mendrugos de pan duro que suelen tirarse y que la abuela guarda siempre. Sobre el pan empapado se cascan dos huevos, y todo es machucado y revuelto a conciencia. La pasta resultante es sazonada con sal, pimienta y tomillo. Se agrega cebolla picada y se mete en el horno. Cuando alcanza el dorado oportuno, la nueva pasta es rociada con salsa de tomate, aceite de oliva y un chorrito de café cargado.
-¿Te gusta, papá?
-Creo que la abuela ha inventado una pizza mejor que la italiana.
-No, papá. Esta torta se comía en Sevilla después de la guerra, cuando la gente era pobre y había cartillas de razonamiento.
-¿En serio?
-Sí, papá. Fueron los soldados italianos, los que vinieron a la guerra de España. Quienes copiaron la receta y la llamaron pizza.

AYLLÓN, José Ramón (2009): Otoño azul, Madrid, Bambú, pp. 64-65

miércoles, 7 de diciembre de 2011

El moho verde del pan no se puede disimular más...

El dueño de la cafetería vende durante los recreos bocadillos, chocolatinas y batidos de chocolate a precios prohibitivos. El usurero se lo puede permitir porque el supermercado más cercano está justo a los pies de la montaña donde está el colegio, y durante el recreo no da tiempo a hacer todo el recorrido. Por eso, el dueño de la cafetería puede pedir lo que quiera por sus bocadillos. Pero parecer ser que no se contenta con tener el monopolio. Quiere sacar el mayo beneficio a su negocio y vende siempre lo que le va sobrando de un día para otro como si fuera mercancía fresca, así hasta que el moho verde que le sale al pan no se puede disimular más.
Los bocadillos de tortilla son un recurso muy apreciado entre los alumnos que no tuvieron tiempo de estudiar para un examen. Después del segundo bocado, empiezas a sentir un sudor frío; con el tercero te pones verde; a partir del cuarto, te retuerces de dolor en el suelo y, a mucho tardar, después del quinto, te envían a casa o directamente al hospital. No es de extrañar que los bocadillos de tortilla de días anteriores cuesten el doble que los que están recién hechos…

BERTRAM, Rüdiger (2011): Coolman y yo, Alzira, Algar, p. 70 i 71.

jueves, 25 de agosto de 2011

Estoy mejor...

-Estoy mejor, de verdad. Estoy probando un nuevo medicamento-. Fue a la cocina y señaló una olla-. Hasta hice sopa ayer. Y tengo una barra de pan muy bueno, por si tienes hambre después del paseo. Debería haberte preguntado antes… Hay un buen panadero y cocinero en Springton. Allí es donde he encargado la cena. Y hay un lugar cerca de aquí que quiero que veas. Lo descubrí un día paseando. Dios mío, mañana es e Día de Acción de Gracias, ¿verdad? Sigo perdiendo el hilo.

FOX, Paula (1999): La cometa rota, Barcelona. Noguer, p. 38.

lunes, 27 de junio de 2011

Solo para desayunar


ZAPATONES.- Tienes repuesta para todo, ¿eh? No te das cuenta de que eres el sucesor de los Zapatones, el heredero del apellido, del título y de su fortuna. ¿Crees que con este aspecto vas a llegar a ningún sitio? Como mucho a ministro de Cultura. Estás hecho un asquito, una caca… una ca… calamidad. Tendrías que ser el más fuerte, el más listo, el primero de la clase de esgrima… Pero si no haces ejercicio, sino comes apenas, ¿cómo vas a hacerte grande y fuerte? A tu edad yo me comía un jamón, tres pollos en pepitoria, diez kilos de patatas, treinta y dos huevos fritos, cinco hogazas de pan, un cesto de fruta y cinco litros de leche, y sólo para desayunar. Imagina que comía a mediodía.


ALMENA, Fernando (1994): Padoluz y Piruleta. Teatro para escolares, Gijón, Júcar, p. 25.

El burro que quería aprender

                                                                Fernando Almena

NIÑO 2: ¿A ti te gusta el trigo?
BURRO: Sí, y la cebada.
NIÑO 3: Pues nosotros preferimos el pan. Estamos más civilizados.
BURRO: Claro, claro… Pero si os encontraseis en una isla desierta y tuvieseis que elegir entre un puñado de granos de trigo y una docena de buenas hogazas de pan, ¿qué escogeríais?
NIÑOS: Las hogazas de pan.
(Es de esperar la respuesta en contra de los espectadores. En ese caso, el BURRO los señalará).
BURRO: Ahí está diferencia, yo elegiría el trigo.
NIÑO 4: Porque eres un asno.
BURRO: No, porque sembraría el trigo y obtendría muchos más granos, con los que me alimentaría o fabricaría pan y aún me sobrarían para sembrar de nuevo.


ALMENA, Fernando (1991): Teatro para escolares, León, Everest, p. 137.


Pa torrat amb mantega

                                                        Pa torrat amb mantega
El pa torrat i la mantega
solen anar sovint plegats
i ens els mengem de bona gana,
molt més si són ben ensucrats.
Tenen un gust que, en barrejar-se,
resulta encara més plaent,
tant és així que cada dia
en menja areu qui sap la gent.
Per esmorzar van de primera,
ja no cal dir per berenar,
i a totes hores sempre donen
plaer complet al paladar. 

MARTÍ I POL, Miquel (1999): Bon profit!, Barcelona, Barcanova


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