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Mariona Cabassa (2002): Cuento para contar mientras se come un huevo |
- No sé qué decirte, Laura. Te repito que he explorado esa zona de los túneles. Walbrook, está en el corazón de la City, a dos pasos del Banco de Inglaterra. Lo cierto es que no se me ocurrió que las ruinas del templo de Mitra pudieran tener relación con la tumba de nuestro guerrero. Pero no hallé nada significativo en ese sector del laberinto. Y tus conclusiones me siguen pareciendo un tanto forzadas. Aunque reconozco que es lo único que tenemos.
Laura lo miró desde detrás de un suculento plato de huevos con beicon que Martha acababa de servirle. Después de tantos meses de guerra y racionamiento, la muchacha había llegado a pensar que los huevos con baicon habían desaparecido de la faz de la tierra. Sin embargo, allí estaban, junto a una cesta repleta de rebanadas de pan blanco y fragante, mantequilla fresca y una gran taza de café. Laura no comprendía cómo se las había arreglado para vivir lejos de Martha durante estos últimos años. La gruñona y adorable Martha.
- Tal vez no buscaste con suficiente detenimiento, David. Al fin y al cabo no sabías que ese era el sitio exacto.
- Bueno, tampoco tú lo sabes, solo lo supones.
- No lo supongo. Estoy segura -dijo Laura con cierta dificultad mientras masticaba un trozo de pan que previamente había hundido en la adorable yema de uno de los huevos.
Martha le dirigió una mirada de censura por comer y hablar a la vez, igual que habría hecho quince años atrás en circunstancias similares.
- ¿Cómo puedes estarlo? Son solo conjeturas.
Laura sonrió y se llevó el dedo índice a la nariz.
- Olfato de arqueóloga, tú mismo lo dijiste. Ahora termina el desayuno. Se hace tarde y tenemos que recoger varias cosas que nos harán falta.
ELOY M. CEBRIÁN (2010): Operación Beowulf. Editorial Oxford, El árbol de la lectura: Madrid. Páginas 165-168.
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